Y entonces comenzó a recordar aquellos oscuros días de
guerra, donde no importaba el día ni la
hora porque lo que sabía hacer no lo requería, todo estaba ya escrito. Quizás
era el destino o solo la ambición de poder de unos cuantos. Manchadas las
prendas de sangre y con ese vacío por dentro era el pasar del tiempo, ahí donde
se quiere más que a nada el dinero, ahí donde no existe bondad ni hay lugar
para sentimiento. Manchadas las manos y cabizbajo, a veces con la mente en blanco
y en ocasiones con tormentos. Silencioso llanto ahogado en alcohol, presente
siempre en eventos donde se bebía fina champaña y se tenía la compañía de
hermosas mujeres, pero solo una especial: aquella de hermosos ojos verdes, tan ajena a ese mundo infernal, sin
mostrar interés alguno por lujos o poder,
ella fue por mucho la única interpretación de amor en aquel oscuro paisaje, y así se fue pasando
el tiempo, así paso la vida, termina todo donde comenzó, en la nada...

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